La Tristeza y la Furia

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.
Había una vez... un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.


[Este cuento no pertenece a los autores de este foro]

Un Relato Sobre el Amor

Se trata de dos hermosos jóvenes que se pusieron de novios cuando ella tenía trece y él dieciocho. Vivían en un pueblito de leñadores situado al lado de una montaña. Él era alto, esbelto y musculoso, dado que había aprendido a ser leñador desde la infancia. Ella era rubia, de pelo muy largo, tanto que le llegaba hasta la cintura; tenía los ojos celestes, hermosos y maravillosos..


La historia cuenta que habían noviado con la complicidad de todo el pueblo. Hasta que un día, cuando ella tuvo dieciocho y él veintitrés, el pueblo entero se puso de acuerdo para ayudar a que ambos se casaran.


Les regalaron una cabaña, con una parcela de árboles para que él pudiera trabajar como leñador. Después de casarse se fueron a vivir allí para la alegría de todos, de ellos, de su familia y del pueblo, que tanto había ayudado en esa relación.


Y vivieron allí durante todos los días de un invierno, un verano, una primavera y un otoño, disfrutando mucho de estar juntos. Cuando el día del primer aniversario se acercaba, ella sintió que debía hacer algo para demostrarle a él su profundo amor. Pensó hacerle un regalo que significara esto. Un hacha nueva relacionaría todo con el trabajo; un pulóver tejido tampoco la convencía, pues ya le había tejido pulóveres en otras oportunidades; una comida no era suficiente agasajo...


Decidió bajar al pueblo para ver qué podía encontrar allí y empezó a caminar por las calles. Sin embargo, por mucho que caminara no encontraba nada que fuera tan importante y que ella pudiera comprar con las monedas que, semanas antes, había ido guardando de los vueltos de las compras pensando que se acercaba la fecha del aniversario.


Al pasar por una joyería, la única del pueblo, vio una hermosa cadena de oro expuesta en la vidriera. Entonces recordó que había un solo objeto material que él adoraba verdaderamente, que él consideraba valioso. Se trataba de un reloj de oro que su abuelo le había regalado antes de morir. Desde chico, él guardaba ese reloj en un estuche de gamuza, que dejaba siempre al lado de su cama. Todas las noches abría la mesita de luz, sacaba del sobre de gamuza aquel reloj, lo lustraba, le daba un poquito de cuerda, se quedaba escuchándolo hasta que la cuerda se terminaba, lo volvía a lustrar, lo acariciaba un rato y lo guardaba nuevamente en el estuche.


Ella pensó: "Que maravilloso regalo sería esta cadena de oro para aquel reloj." Entró a preguntar cuánto valía y, ante la respuesta, una angustia la tomó por sorpresa. Era mucho más dinero del que ella había imaginado, mucho más de lo que ella había podido juntar. Hubiera tenido que esperar tres aniversarios más para poder comprárselo. Pero ella no podía esperar tanto.


Salió del pueblo un poco triste, pensando qué hacer para conseguir el dinero necesario para esto. Entonces pensó en trabajar, pero no sabía cómo; y pensó y pensó, hasta que, al pasar por la única peluquería del pueblo, se encontró con un cartel que decía: "Se compra pelo natural". Y como ella tenía ese pelo rubio, que no se había cortado desde que tenía diez años, no tardó en entrar a preguntar.


El dinero que le ofrecían alcanzaba para comprar la cadena de oro y todavía sobraba para una caja donde guardar la cadena y el reloj. No dudó. Le dijo a la peluquera:
- Si dentro de tres días regreso para venderle mi pelo, ¿usted me lo compraría?
- Seguro - fue la respuesta.
- Entonces en tres días estaré aquí.


Regresó a la joyería, dejó reservada la cadena y volvió a su casa. No dijo nada.
El día del aniversario, ellos dos se abrazaron un poquito más fuerte que de costumbre. Luego, él se fue a trabajar y ella bajó al pueblo.


Se hizo cortar el pelo bien corto y, luego de tomar el dinero, se dirigió a la joyería. Compró allí la cadena de oro y la caja de madera. Cuando llegó a su casa, cocinó y esperó que se hiciera la tarde, momento en que él solía regresar.


A diferencia de otras veces, que iluminaba la casa cuando él llegaba, esta vez ella bajó las luces, puso sólo dos velas y se colocó un pañuelo en la cabeza. Porque él también amaba su pelo y ella no quería que él se diera cuenta de que se lo había cortado. Ya habría tiempo después para explicárselo.


Él llegó. Se abrazaron muy fuerte y se dijeron lo mucho que se querían. Entonces, ella sacó de debajo de la mesa la caja de madera que contenía la cadena de oro para el reloj. Y él fue hasta el ropero y extrajo de allí una caja muy grande que le había traído mientras ella no estaba. La caja contenía dos enormes peinetones que él había comprado... vendiendo el reloj de oro del abuelo.


Si ustedes creen que el amor es sacrificio, por favor, no se olviden de esta historia. El amor no está en nosotros para sacrificarse por el otro, sino para disfrutar de su existencia.


[Este cuento no pertenece a los autores de este foro]

Sueños de Semilla

En el silencio de mi reflexión percibo todo mi mundo interno como si fuera una semilla, de alguna manera pequeña e insignificante pero también pletórica de potencialidades.


...Y veo en sus entrañas el germen de un árbol magnífico, el árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo.


En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que será después. Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los jugos que la alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y de frutos, para poder dar lo que tienen que dar.


Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol. Y tantas son las semillas como son los sueños secretos.


Dentro de nosotros, innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz, morir como semillas... para convertirse en árboles.


Árboles magníficos y orgullosos que a su vez nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla.


Ellos, los sueños, indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada momento, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres, en los triunfos y en los fracasos. Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta.


Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez cegadora.
Y así crecemos, nos desarrollamos, evolucionamos... Y un día, mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas que, como alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y nuestro futuro.


Nada hay que temer,... una sabiduría interior las acompaña... porque cada semilla sabe... cómo llegar a ser árbol...


[Este relato no pertenece a los autores de este foro]

El Elefante Encadenado

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enrome bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...


[Este poema no pertenece a los autores de este foro]

El Buscador

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador
Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco esa alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.


Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. 


El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía “Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terrible mente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. 


Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.


- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?.


El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda que fu lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿ Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?…¿Una semana?, dos?, ¿tres semanas y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? …, ¿y el casamiento de los amigos…?, ¿y el viaje más deseado…?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…?¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.


[Este relato no pertenece a los autores de este foro]

Animarse a Volar


..Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.
-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.
-Ven – dijo el padre.
Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás...
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?
-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.
Los más pequeños de mente dijeron:
-¿Estás loco?
-¿Para qué?
-Tu padre está delirando...
-¿Qué vas a buscar volando?
-¿Por qué no te dejas de pavadas?
-Y además, ¿quién necesita?
Los más lúcidos también sentían miedo:
-¿Será cierto?
-¿No será peligroso?
-¿Por qué no empiezas despacio?
-En todo casa, prueba tirarte desde una escalera.
-...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?
El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó...
Desplegó sus alas.
Las agitó en el aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra...
Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno... – lloriqueó.
-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.
Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar.
Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.
Si uno no quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.

[Este cuento no pertenece a los autores de este foro]

Dominante~ Rossiel Black

Una inescrupulosa escena que ansiaba enfocarse en detalle para la maldad necesitada. Sus ojos vacíos y su sonrisa mayestática mostrada en todos los confines de la tierra, allí donde fuese.
Con las manos en los bolsillos presenciaba una violación ordenada por él, el sillón crujía en cada embestida que le daban al mancebo ¡Odiaba a los hombres de apariencia bondadosa! si..., con toda su alma.

El que llevaba acabo la desgracia, un hombre corpulento y de protuberancias marcadas por los años convertidas en grasa, sedentario pero despiadado para el sexo. Era preciso un ser asqueroso para la jugada. Rossiel era dominante y si no conseguía lo que deseaba destruía la amenaza para su corazón.

La sangre se regaba por el suelo y el viejo sujeto seguía afanado en la tarea de poseer al niñato digno de corromper - castigo digno de tu servidor..., el diablo - miró el reloj y una cita acordaba. El joven ya no volvería a sonreír nunca más ¡Lo odiaba! se lo merecía hasta el final, que pagara con creces su bondad.

Tirado el joven sobre el suelo cuando el vejestorio se subía la cremallera, que bonito ser roto yacía ensangrentado, llorando y desgastado. La felicidad no volvería..., jamás.




     Rossiel Black Dark 

Seducción~ Rossiel Black

Se le secó la boca de tanto ósculo recibido y es que, él nunca se quedaba atrás, oh no..., el otro parecía sin aliento y un tanto perturbado por las acciones del ciclón de hombre que le apresaba contra la pared; esbelto, sonriendo irónicamente y lanzando ocasionalmente palabras eróticas en su oído en un morboso susurro. Le desquiciaba su voz y a cada segundo, ya no se le antojaba el escape, quería que el término efímero se esfumara con la misma redundancia que se muestra.

Lamió cada extensión de piel que tuvo en cercanía de sus labios y tan rápido le volteó sus pantalones cedieron hasta el mismisimo suelo junto al cinturón. Blanda y sedosa extremidad que se caló hasta lo más profundo del ajeno ¡Visitaría museos con mayor frecuencia!

Los sentidos se cegaron por el gemido del caído que aferraba las uñas a la pared, los moradores se sentían algo extraños ante la angustia de las pinturas y es que el sonido de esos labios podía oírse con claridad acérrima. Los ojos claudicaron y sus bocas se entreabrieron. Un exquisites que no dejaba de fluir con las esculturas talladas en cincel.




     Rossiel Black Dark 

Aroma~ Rossiel Black

- Aroma del cual no quiero desligarme - decía el joven aquel que sobre una mesa observaba al complicado hombre de sus sueños, si..., era su obcesión desde hace muchos años y ahora, que lo tenía solo para él, viendo como deslizaba una de sus manos por el falo, mirándole fijamente a los ojos con el odio retorciéndole el rostro. Que bello carmín se asomaba en su torso, pobre de él que había sido tan rebelde.

Puso una pierna en tierra - divierteme...- mencionó sereno y altivo ante la vela que les proporcionaba luz y calor. El sujeto aprendió que el miedo era un sabio conocedor por el ente que se anticipaba sobre sus piernas, estaba helado, pálido y sus extremidades adormecidas por la droga que le inyectaron mas tenía el poder de mover sus manos - drogas usadas en animales..., que efectivo, te devolveran el fuego que te hace falta cuando estás conmigo - sonrió ante la respuesta que le dio al temeroso mientras sentía el sexo vagando entre sus carnes rosáceas, abriéndose para el primer encuentro.

Los gemidos se apagaron al alba pero la historia no acabaría hasta que el raptado terminara muriendo en sus brazos, hasta que copularan como animales en celo, hasta que ya nadie le recordara a ninguno de los dos.



     Rossiel Black Dark 

Respiración~ Rossiel Black

Sujeto a un catre mal trecho abrió los ojos de par a par ante el atrevimiento del que odiaba, no podía resistirse, tenía que pagar una deuda que se le sumaba desde el pasado por el hombre que amaba, su respiración se agitó mientras el meneo se volcaba sobre sus pensamientos que repentinamente se quedaron en blanco.

Izó la mollera y sus cabellos bailaron al compás del ajeno - Ahh...- cuan cansado estaba ya de ese manifiesto ser que un día le arrebató todo, del enamorado que le dejó en sus brazos. Al acecho su cuerpo esperaba por matarle algún día, todo era por instinto ahora, se volvió un animal que tranquilo espera la oportunidad de ser libre de hombre que ahora le roba hasta el aliento.

Afilada mirada que mantendría de por vida, las experiencias le hacían cambiar del sutil al cruel. Sonrió, si..., pero sus gemidos escaparon imperantes de sus labios que no cambiaban de expresión. Extendió sus manos hacía atrás y apretó las nalgas con las garras, invitándole a que fuera indolente que no se detuviera pues, después de todo, ya comenzaba a encontrarle el gusto a lo que por la fuerza le impusieron. La muerte de aquel vendría pronto, mientras tanto seguiría disfrutando de la pasión que lo perdona todo de momento.




     Rossiel Black Dark 

Partida~ Rossiel Black

Sus piernas no respondían a sus demandas, el sol escaseaba totalmente y el aire se condensaba de sus lágrimas, de su llanto..., de la tormenta que venía a su encuentro. Miró al cielo y todo había perdido su brillo, la vida había perdido su color y nada tenía sentido. Estaba desesperado bajo la lluvía que nacía por lo que acababa de perder.

Sus piernas flaquearon y la tormenta negra estalló sobre él, la tierra estaba fría he impoluta sembrada del verdor que el cementerio entregaba como panorámica, las lápidas se humedecían a su alrededor del mantial celestial, si..., era tan cálida la muerte que le llamaba. Nada tenía lugar, todo se fue con aquel que amaba ¡Por su estúpida culpa! porque no supo apreciarlo cuando aún lo tenía con vida y a su lado, dándole cobijo entre sus brazos tibios, aquellos cabellos rubios no volverían a jugar en su rostro, allende ahora serían abono para los gusanos mas su alma permanecería libre, mezclado en el viento junto a miles más, perdidas y descarriadas porque jamás encontraron la paz que necesitaban.

Metió la mano en el bolsillo y extrajo una navaja, era hora de acompañarle porque la vida ya no podía soportarla más, era hora del encuentro..., bajo la tormenta.




     Rossiel Black Dark 

Vicio~ Rossiel Black

Le acariaban el alma, el pecho como si se tratase de una muñeca obedeciendo a su amo, dejándole toda su humanidad al antojo del encaprichado. Mordió sus labios, algo húmedo osó en colarse en su sexo mientras sentía el torso vecino friccionarse sobre sus piernas, eran roces pero contenían un calor inaudito.

Trató de mantenerse sereno pero se le hacía imposible con las atenciones que le brindaba el amo, sus ojos soltaron rocío y llevó sus manos al pecho apretando los pezones que le exijían algo más que aire fresco. Sus piernas se contorsionaron sobre el lecho y sus labios se apretaron mas manteniendo la mandíbula retadora ante el que le presionaba desde abajo.

La luna consumió su ser al igual que él, mas el descanzo no parecía llegar - lo sabía...- ya se había resignado y alzando su cuerpo contempló la silueta brillante y resbaladiza. Su eterno amante nocturno que con nacarados dientes le sonríe.




     Rossiel Black Dark 

Veneno~ Rossiel Black

Una hora de intensas miradas, cortejos que iban y venían mientras tomaba la copa número cinco con un tabaco sujeto entre sus limpidos y delgados dedos. Aquel hombre de cabello negro y ojos azules se levantó de repente mirando en dirección opuesta a la suya, si..., aquellos muslos eran una vil tentación, tenía un hambre desquiciada, perdería el control antes de tiempo.

Siguió sus pasos al verle salir del bar, la copa y un billete quedaron plasmados sobre la mesa mientras la colilla finalizaba en el suelo y aplastada por su calzado. Cuando salió a la calle, miró en todas las direcciones pero aquel hombre de ojos azules ya no estaba. Mejor volver a casa, masturbarse un rato y olvidarle luego del placer estallado en líquido.

Dobló en la esquina manteniendo los pensamientos perversos de una soledad que se tornaba insaciable y al hacerlo se encontró con lo que su imaginación anhelaba; cabello negro, piel blanca y esos ojos inolvidables. Era hora de perder la cabeza.

Sin palabras sus cuerpos se estrecharon y la pared tocó en frío, paso a paso mientras su camisa llegaba hasta sus muslos, muslos que ahora eran apretados por esas manos grandes y deseosas de fuego camal - shhh...- aspiró el aroma de su piel y mientras los minutos pasaban sus cuerpos se unían de forma perversa, morbosa, el control se perdió para siempre desde esa misma noche en adelante.




     Rossiel Black Dark