La Caída de un ángel - Vampiro y ángel (Rol)

Akari:


Suelen decir que cuando extienden sus alas y se precipitan hacia el vacío, sin oponer movimiento alguno ante su estrello son caídos...ángeles que regalan una vida que no les pertenece, sucumbiendo al deseo del suicidio mortal, rindiendo culto a aquel esclavo de amor que un día se deshizo de las cadenas del señor para crear así su propia vida, en donde cometer un error no era pecado, sino un "algo" que se remediaría al pasar el tiempo... -¡Oh Dios mío! ¡¡Acéptelo!!, ya no hay pureza alguna entre los suyos...no hay nada...tan solo dolor, frustración, pecado...No son felices, no desean la salvación, tan solo tranquilidad, compasión para con su miserable vida...-Las manos del Ryujin cubrían su rostro con tanta fuerza que parecía deformarse bajo la presión de sus dedos...y sus ojos completamente abiertos mostraban el destello de su mirada azulina en una mueca de terror...pánico, que se clavaban sobre aquella figura inerte que descasaba a su frente. -¡Libereles Señor! ¡Oh Mi señor!...oiga sus súplicas, sus lamentos...no se ensordezca...Apacigüe sus gritos...-Su voz se resquebrajaba, y su cuerpo se arremetía contra convulsiones escalofriantes entre medio de toda aquella bruma que comenzaba a rodearle. Sus brazos atrapan el propio cuerpo, cubriendo con la sangre de sus manos allí donde estas se posan en aquel abrazo indefenso, abúlico, desamparado... Caía...lo notaba, se iba a pique y nadie estaba allí para tender su mano, ayudarle a alzar la cabeza, para protegerlo, para brindarle de su calor, para decir que todo estaba bien, que había hecho lo que tenía que hacer...que nadie se lo reprocharía...que había salvado a un hermano de su propia deshonra... Un grito agónico, aterrador...es casi oculto tras el murmullo de los truenos, rayos y relámpagos que cubren el cielo siempre negro anunciando tormenta...Las lágrimas del ángel descienden por sus mejillas hasta perderse por su cuello ocultas bajo ese manto de gotas de lluvia que comienzan a cubrirle por entero, mojando sus largos cabellos que desperdigados sin orden alguno resaltaban sobre ese paisaje oscuro de tintes tenebrosos. -Mi Señor.......mi Señor.............llévelos con usted en su gloria, atesorelos como hijos suyos que son...No los obligue a caer....como lo hizo con él....Lucifer.....No los pierda...son lo único que le queda....Mi Señor...-Pierde fuerzas...se tambalea, pero se niega a caer...muy cerca ya del suelo se encuentra desde hace mucho tiempo...no desea encontrarse, aún, mucho más abajo...todavía no...aunque ese fuese su destino... Sus ojos se dirigen a aquel Ryujin inerte, que aunque tranquilo...siente que sus ojos se clavan en lo más profundo de su alma reclamando por su vida arrebatada. -Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento....-Repite una y otra vez agarrando ahora entre sus manos el cuerpo del difunto, con fuerza, temiendo hacerle más daño del posible ahora, si lo dejaba caer...ocultándolo en su pecho...¿Qué había sido de aquel Akari rebelde carente de sentimientos? ¿Qué había sido de su promesa, de no volver a hacerlos presentes?.... ¡Oh vamos! era un Ryujin, y no podía remediarlo. Los sentimientos siempre estaban a flor de piel...siempre. Sus ojos se cierran por fin, el dolor agudo pasa...pero no le suelta...no siente su pulso, no le gusta esa sensación...y a sido él quien la ha provocado...Su aura a cambiado...su luz ha disminuido....pero presiente que aún le queda ese granito que le hace falta...salo ese granito.... -Sentirlo no servirá de nada....¿verdad?...-Se interroga así mismo, caído y perdido en su propia locura, mientras se desploma sin soltar aquel cuerpo maltrecho...Cayendo en la inconsciencia. Pero no he perdido la esperanza....

Muraki Le Croys:

Caminábase por entre mausoleos, vestiduras de luto cubrían su anatomía, su sentido ocular jamás fallaba, un mozuelo junto a espécimen aromatizado de carroña, si... aquel cándido, ya había dejado de respirar, muerto yacía sobre la tierra, empero el otro no persistía, tan tierno cual arrullo de paloma... desolado, exasperado tal vez, mas... no importaba. Acercábase lentamente al ángel, inconciente, si... no percatábase de presencia luciferina. Pasos de anacoreta estremecían los suelos por donde dejaba huellas, acortando distancias, aroma pulcro y pútrido embriagaba los sentidos del vampiro, bálsamo de muerte. Inaudible, varado enfrente ya se detuvo, cabellos platinados movíanse como un velo por su fisonomía, espectro nocturno e inexpresivo hacíase uno con la noche. Vocablos no usaría con ángel letárgico, somnoliento, parecíase mediar con dolor personal, Nosferatu ya padeció ídem suplicio, símil acontecimiento de vesania donde los inocentes pagaban la cara osadía de amar, ahora, mostrábase las secuelas de actos tan impúdicos. Oh, es que por más pequeño que fuese el cariño propiciado entre dos seres, consecuencias símiles siempre eran... puesto en campo de visión, abarcaba todo con la mirada el vampiro, lontananza ya no existía. Omisión permanecería en luciferino en cuestión, puesto que observar era mejor que agregar vocablo sin sentido... dar consuelo no era su método.



Akari:

Su cuerpo permanecía inmóvil, respirando tranquilo, atrapado en un recuerdo perdido hace tiempo, su mente y su cuerpo desesperaban y renacían en la busca de lo imposible de encontrar, y sus manos poco a poco iban abandonando aquel cuerpo inerte de fría tez que parecía desaparecer de su memoria con el alo de un respiro... Se giró, hasta quedar observando el oscuro cielo con los ojos cerrados, sintiendo las gotas de lluvia golpear contra su rostro, exigiendo el despertar de su letargo...Y sus ojos cumplen la orden, observando la negrura espesa, y el destello plateado a que ondeaba a uno de sus lados...Una figura alta, pálida...que le observa sin mirarlo. Su mano se alza, intentando alcanzar el rostro que lo observa, mostrando una débil sonrisa ante el engaño...Solo recordaba una cabellera tan plateada como esa...tan brillante... -Ne...rion...-Musitó lastimero, logrando aferrar su puño en las telas de la camisa del desconocido para intentar levantar su cuerpo entumecido del suelo, hasta conseguirlo, y tocar con sus manos manchadas de sangre el rostro del contrario, no siendo capaz de reconocerlo ni de despacharlo de su cabeza... Su mirada no se aparta de aquel que lo mira, y su cuerpo comienza a alzarse hasta llegar sus labios a rozar los contrarios... -Nerion...-Vuelve a pronunciar al roce el nombre de aquel demonio, con los ojos perdidos en lágrimas, buscando el confort de un cuerpo que lo arrullase sin poder alcanzar la calidez que solo un Dragón es capaz de proporcionarle sin pretenderlo. No suelta aquel rostro, acogiéndolo con delicadeza, con la delicadeza que este trasmitía, temiendo a seguir rompiendo...y rompiendo...



Muraki Le Croys:

Miróse con escrutinio esos ojos, en él, podíase ver grande cosas que el mismo vampiro poseyó con tanta osadía hace muy poco tiempo atrás, sintióse algo extraño en su ser, acongojado por tales sentimientos que pensó que se habían perdido, encerrado su corazón con diamantinas cadenas, su alma no estaba, amor que tanto amó, con desesperación y vigor, mas ya no estaría nunca más para él. Era todo muy diferente de lo que soñó. El calor corporal del otro ente sentíase cálido, noche intensa de cuervos danzaban sobre sus cabezas, torbellinos de viento no amainaban, envolviéndolos en suave reprimenda de reconforte, sus cabellos cuales cascadas cortas y menudas, mezcolanza tenían. -... No soy al que llamáis...- Expuso. Irreverente mirada tendió al querubín, ojos de fuerte mirada rojíza, labios rosa palidecentes rozabanse uno al otro, sin ostentarse a ser besados, una clase de saludo venturado en dicha mansión muchas veces, palabras que se quedaban cortas a la hora de salir, Nosferatu ya no era el ser inocente que era mucho antes de entrar aquí. Cambióse esquemas por completo, noches donde creyó que moriría por falta del otro corazón que le abandonó en medio de lugar tan lúgubre, pasiones ya no se forjaban en su interior, placer no perdigaba emociones impertérritas, todo era desigual. Se había roto el estigma de su corazón santo, introduciéndose vil mercenario que acabó con su ser de amor, si... dragón malevolente que llevóse todo lo bueno que luciferino tenía para dar a otros. Y, pósase en él transformado en buitre; y no para procurarse nueva vida, sino para idear la muerte de los que vivían; no para aprovecharse de la virtud, su vida cambió a una desventura, luego de ver a su señor quien le dio nueva esperanza bajo el yugo del mismo, ahora, era parte de la perfidia suprema que únicamente podía otorgar al resto. -... ¿Has matado ésta noche ángel oscuro?...- Indagó con cautela. Anillando sus brazos en rededor del mozuelo, dándole no calor, sino, más gelides dada su naturaleza vampirica. Sombra se agolpaba en su rostro que a duras penas podíase ver, la luna detrás dábase precisa para tal escenario.



Akari:

Sus ojos le miraron interrogante y la realidad aplastante chocó contra su mente al observar esa mirada escarlata que escrutaba hasta lo más profundo de su ser, sus ojos se abrieron al máximo y sus pupilas se dilataron en un aura de mortífero terror, más nada hizo por separarse, débil su cuerpo aún permanecía y el huir se le antojaba demasiado cansino, a la par que perdida de tiempo.
Sus manos ensangrentadas se apartaron del rostro del desconocido y se posaron en su pecho en un ademán de empujar una vez oyó sus últimas palabras, pero fue más lo que lo atrajo al ser abrazado contra aquel cuerpo....¿muerto?, frío...sin latido... -No...no....yo, yo no quería, yo no quería...-Comenzó a balbucear, removiéndose entre esas manos heladas que se cerraban al rededor de su cuerpo...que aunque en un agarre delicado, a penas ejercido de presión, firmes.-Él...él se interpuso, me obligó a hacerlo...¡me obligó!. Ladea su rostro volviéndose a encontrar con el cuerpo inerte del Ryujin estremeciéndose ante su atros hazaña. Había caído, había caído completamente... Por qué, por qué le afectaba tanto...si después de todo había creído caer hace ya mucho...fruto de sus pasiones carnales y sus batallas tribiales...no...ahora descubría que el matar no era soportable, no para él...ni para su existencia. -No me deje caer....por favor...-Murmura escondiendo su rostro en aquel pecho sin latido, arrugando la camisa que portaba entre sus puños, envuelto en convulciones desesperadas...No importa quien era aquel que lo sostenía...daba igual lo que decidiese hacer luego con él...tirarlo, matarlo...arrollarlo...Pero tan solo sentirse acompañado le reconforntaba...al menos por ahora.


Muraki Le Croys:



No existen caminos con un destino fijo, vulgar mentira, uno creábase su propia vida, aunque siendo sinceros en éste mundo... nadie era dueño de si mismo. Volvióse de soslayo a ver al cándido desvalido, frío, muerto ya en el suelo gélido, tenía pésima pinta, quién sabe lo que allí se tejió mientras el no miraba la escena. Sus brazos firmes no apretaron al muzuelo, no... Sólo fueron mero apoyo para que no cayése desvalido al suelo junto al cadáver. Sonrió, le pareció divertido todo, expresión corporal a estás alturas en el vampiro, era poco fiable, ya ni recordaba cómo sonreír plenamente, por ende, mezcolanza de mal e impertérrita oscuridad se alojaban en él. -... Bonita obra...- susurró en el oído de ángel -... ven... caminemos...- indicó con suave tono, sólo jalo al que se revolvía en su pecho con fuerza, más que flácido estaba aquel, dirección contraria anduvo, lejos del cadáver que se veía hermoso, sin soltarle del agarre que le tenía, es su diestra que pasa por la espalda, estabilizando el cuerpo del chico -... matar es fácil...- indagó en mirada ajena -... sólo debes olvidarte del azúcar...- si... moraleja de un viejo amigo quien le dio como consejo la primera vez que Muraki dio muerte a un humano para sobrevivir, ahora, entregaba mismo consejo al querubín, si lo entendía o no, el algún día sabría el significado de aquello.


Akari:

Se dejó guiar, mientras su rostro seguía observando aquel cadáver que iba desapareciendo de sus vista a la par que el camino que tomaban y abandonaban...Le oía hablar y aún así poco entendía lo que podría significar todo aquello...
Muy fácil sin lugar a dudas, era el poder matar a un ser bípedo y razonable. Tan fáciles de corromper...y corromperse a sí mismos, llenándolos de ideas, llenándose de ideas...Culpables de todo lo mal que les pasa, ninguno limpio de pecados y todos condenados desde el día de nacimiento. Oh sí....la muerte es tan astuta y tan segura de su victoria que da una vida de ventaja... Azúcar...umn...eso le costaría un poco más de comprender en ese estado...y puede que no lo llegase a entender luego de mucho, pero de lo que sí estaba seguro es de no poder olvidar nunca el rostro de aquel que habían dejado atrás... -¿Quién eres?...-Preguntó por fin una vez su respiración se había acompasado y su mente relajado. Dirigiendo los ojos al perfil que el peliplata le mostraba y pudiendo percatar, ahora, con más tacto, la frialdad de todo su cuerpo...-No vivo-....¿pero que tipo de ellos?... Parecía de realeza...caminar tenue, voz filosa y aterciopelada...mirada penetrante y carente de...luz. Todo un espécimen.



Muraki Le Croys:


¿Quién era?... hasta él se preguntaba lo mismo a estas alturas, cada hora... cada noche, siempre. Sus ojos se entrecerraron ante aquello, apretando el agarre que mantenía en la cintura del ángel, Volvióse a mirar al frente, segundos y pronto se enervó aún más, mirando al cielo, respirando calmo, humo de su boca salía por la gélida noche. -... El viento...- Añadió. Mausoleos de pintura descascarada, desgastados por el paso de los años en rededor, llenos de mensajes en sus lápidas otros "Te amaremos siempre... tus seres queridos", si... homenajes a los difuntos que perecieron en tiempos remotos, unos más antiguos que otros, nombres de todo tipo de origen, fotos hechas añicos tanto por la humedad como por las mismas alimañas que merodeaban por el lugar... Era un bonito sitio. -... El viento gime....- Sonrió por sus palabras -... tiene sed de alcohol...- Bromeó con tono picaresco, deseaba algo de vino de fina sepa, embriagarse un poco, no tenía "por el momento" ganas de hacer travesuras, maldades despiadadas, no... Compartir un poco de buen vocablo con otro desorientado igual que él. Sus cabellos por segundos cubrieron sus bochas radiantes, extrajo un tabaco de su bolsillo, llevándoselo a los labios, mordió la boquilla y encendió, cilindro anaranjado quedó al unísono, calada elegante le dio, sosteniéndolo al extraerlo de su boca con dos dígitos.

Akari:


Frunció el ceño al oír mencionar palabra de entre sus labios..."el viento" no podía negar que le resultó rara su respuesta, pero ya de por sí el lugar era raro, y su presencia era extraña. Lo poco común sería que hubiese dicho algo normal, lo cual no sucedía a menudo.
Sacudió un poco su cabeza, intentando apartar pensamientos enrevesados a la par que estúpidos de su cabeza...aquel suceso manchado de sangre seguía persiguiendo y encerrando sus sentidos, pero de que servía lamentarse ahora, estaba hecho. De no ser un milagro esa palomita no volvería a alzar el vuelo. Ahora lo único que le consolaba era repetirse que peor muerte podía haber recibido a manos de otro, o peor el sacrificio por seguir viviendo allí. -El viento...-Murmuró luego de un tiempo indefinido casi sin despegar los labios, observándole de reojo, tenía aspecto bien sólido...aunque si es viento, sería de los bien fríos...¿no?....de esos que congelan los huesos y entumecen la piel. -Suelen decir que el alcohol tan solo nos reprime, bebida a la cual se recurre cuando se intenta evadir algo. Olvidar tal vez...-Hablaba por hablar, la verdad era difícil mantener conversación cuando en realidad no se quería...bueno, de ser así, en todo caso era entonces mejor callar. Eso...se mantendría callado entonces, mientras hacía llegar una de sus propias manos hasta aquella que rodeaba su cintura, la piel de aquel hombre era tersa...suave. Nada desagradable. Tampoco fiable. A los caprichos de la naturaleza siempre había que tener recelo.


Muraki Le Croys:



El viento es libre, no existen cadenas que lo puedan reprimir eternamente.... no hay. Sólo el corazón del vampiro yacía en muerte súbita por dragón que robó su inocencia, su voluntad de creer que el mundo podría cambiar por la sencilla razón de sólo amar, no.... fatal error de cálculo tuvo Nosferatu, cayó en su propia trampa de muerte en vida. Ante el comentario del licor, bien que era cierto, sonrió por ello, no podía negar que estaba bebiendo más de cuenta cada día por tratar de disminuir las heridas espirituales, lástima que los efectos fueran tan efímeros, además... el vino le recordaba a la primera noche donde por primera vez conoció el punto cenit ¡Ah! ¿Cuánto tiempo había pasado ya? Lo suficiente como para poder olvidar lo fundamental de aquel encuentro, pero él, seguía recordándolo como si fuera ayer. Lo vio como sutil caricia esa mano traviesa que se posó en la suya que mantenía sujeta la cintura del ángel -...Antídoto para el olvido ¿eh?...- Meditó las palabras mientras caminaban lentamente por entre los muertos. Llegó ahondarse más en el mismo sitio, soltándolo de paso, caminó solitario ahora el Nosferatu hasta unos leños secos tirados en la tierra, eran de un viejo mausoleo que fue creado sólo de madera. Entendió, quizá... cuando aquel cándido murió, no hubo los medios necesarios para darle un hogar pulcro de mortandad. Inclinóse varias veces recogiendo los maderos secos, agolpándolos a un lado del sepulcro destruido, volvióse la vista al querubín sin ofrecer sonrisas falsas ni nada parecido, inexpresivo total -... ¿Tienes frío?... mi piel es gélida...- Dijo al instante en que metió su mano en el bolsillo, retirando un encendedor, en cuclillas otra vez encendió el mechero y la leña seca tomó de inmediato. Nacimiento de llamas de bellas tonalidades rojo, anaranjado... amarillos, entre otros, fueron lo que comenzaron a dar calor a ambos cuerpos. -... Ven... acércate...- Y sus ojos se iluminaron del color de las llamas, no volvió a mirar al joven, su mente estaba perdida en algún punto del pasado -... Ya estabas muerto...- Musitó al notar que un cadáver de piel seca, pútrido parado frente a ellos, ni sangre ni venas existían, un vampiro al que se le enterró vivo en algún lugar, mas ahora.... yacía de pie, queriendo volver a la vida. Rápido, ligero, un movimiento fino y elegante le tomó a Muraki llegar al occiso, dándole un empellón que le hizo tambalear y retroceder hasta caer sobre el fuego, la lumbre en combustión acrecentó su fuerza, chillando el muerto sobre esta, extendiendo sus brazos pidiendo auxilio, no... El ya estaba muerto, debía descansar por toda la eternidad y no salir nunca de donde le fue destinado el reposo perpetuo.

Akari:



Le soltó y le vio alejarse, dejando en el Ryujin una expresión de desamparo...tal y como si una madre comenzara a caminar y caminar, hasta perderse entre la multitud de una calle transcurrida, dejando a su querubín caminar solo, detrás de ella, sin importar el peligro que pudiese correr...Estiró una mano, como si intentara tomar algo que se mantenía a flote...¿un recuerdo?...sí...era eso, total desamparo. Caricias de su madre nunca tuvo, y que decir de su padre...Fiero y rígido...ángeles decían...¿puros?...¿sin prejuicios?...Todo mentira, solo querían y amparaban a aquellos que eran iguales y su misma forma de pensar tenían...una farsa, solo eso. ¿El único milagro hecho por seres celestiales?...Mostrar un camino...amplio, muy amplio hasta la luz y las inmensidades de los firmamentos.¿Si te perdías?...ten fe, ellos no iban a ayudarte. Aquel hombre de porte elegante había encendido una hoguera, en lo que parecía ser un mausoleo de quien sabe que cosa...o quien. Akari tan solo observaba, hasta que oyó su petición, y sus ojos se clavaron en los frígidos, coloreados de un falso color ardiente, que sinceramente atraía lo suficiente como para no poder negarse. Un, dos...tres pasos, y estos se detuvieron, al sentir un leve escalofrío recorrer toda su espina dorsal...girando levemente su rostro, y encontrarse con repugnante escena...Miedo no fue lo que sintió ni mucho menos...asco...profundo y tremendo asco que no pudo contener en simples arcadas... No, justamente ese día no estaba para soportar ese tipo de incidentes...ya había soportado repugnancias suficientes...solo un respiro...un respiro...ya mañana volvería a ser como antes...de verdad...solo unas horas y estaría completamente repuesto...¿verdad? Pasó el antebrazo por su boca, y observó como aquel ende se desvanecía entre gritos agónicos...pasaron unos segundos cuando todo volvía al silencio, interrumpido este por tan solo el chispear de las llamas ya tranquilas... Fue entonces cuando Akari tomó una posición más cómoda, sentado sobre una pequeña placa de mármol que reposaba en el suelo, perfecta como asiento...y miró nuevamente a su acompañante... -Gracias por el fuego...-Murmuró rompiendo tan hermoso silencio...mientras se encogía, queriendo no pensar en banalidades...-¿Qué era eso?...-Volvió a preguntar, ladeando la mirada hacia la hoguera improvisada, receloso de que ese bicho volviera a resurgir de entre sus cenizas...


Muraki Le Croys:

El ser cadavérico se extinguió en las llamas, nada quedaba de él hombre en cuestión. Sacó un puro de su bolsillo que pronto mordió y no tardó en prenderlo y el humo acarició su rostro álgido y marmolado, luciferino giró para ver al ángel quién se sentaba sobre una pieza de mármol. Una gárgola parecíase ahí.
-... Sangre caliente posees, deduzco que naturaleza distinta tienes ¿Qué eres?...- Cuestionó, al avanzar hasta un trozo de mármol al lado del querubín donde alojó su humanidad, puro en labios finamente apretado, aspirando lento, picante y amargo sabor tenía, era algo que no le desagradaba ciertamente. Pensó que tal vez estaba preguntando algo incomodo de responder para el joven, por lo que trató de disculparse de ante mano -... Si mi franqueza tu disgusto labra... házmelo saber para no volver a decir palabra alguna...- Símil movimiento de su diestra al tomar el puro que reposó a un lado de su sien, dos dígitos apoyados sobre la piel más rostro inclinóse leve. Recordóse la pregunta anterior del mozuelo y prosiguió a responder con suavidad -... Un ser de la oscuridad que ya no volverá jamás, olvídalo...- Repuso, más se levantó de nueva cuenta tras retirar su gabardina, colocándola sobre la espalda que cubrió parte del cuerpo como añadidura al ángel -... Muy poco puedo hacer por ti, empero si sabes qué... dímelo...- Dijo confiado al volver a reposar su anatomía sobre el alabastro, alojando su ancha espalda en el murallón quién aceptó gustoso.




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